“Más allá del bien y del mal hay un jardín. Allí te encontraré”, Rumi, poeta persa s.XIII

Estamos viviendo un tiempo excepcional que nos está confrontando con las dificultades habituales de nuestras vidas, a las que tenemos que sumar dificultades nuevas: compartir en el mismo espacio tanto nuestras responsabilidades familiares como las profesionales; encontrar nuevas maneras de atender nuestra necesidad de movimiento y ejercicio en un momento en el que están limitadas nuestras salidas; o atender a nuestros familiares que necesitan apoyo desde la distancia, por mencionar sólo algunas dificultades que estamos afrontando.

Estos ámbitos nuevos se añaden a otros que habitualmente reconocemos: cómo encontrar una solución al problema que tenemos con un vecino; cómo encarar una conversación con nuestro jefe o con un cliente con el que las cosas no están siendo fáciles; cómo abordar la educación de nuestros hijos, de forma cuidadosa y sin renunciar a nuestras necesidades, no ya sólo como padres, sino como seres independientes; cómo conversar con nuestra pareja cuando tenemos una divergencia de opiniones y ahora no quiere abordar el tema…. Podríamos seguir enunciando un sinfín de situaciones que nos ponen en juego y a las que respondemos muchas veces desde una tensión interior que es la que preside nuestra interlocución. Interlocución a las que entramos, en general, con un objetivo claro: lograr que el otro atienda mis demandas actuando tal y como yo lo he definido en mi fuero interno. El problema se agrava cuando el otro nos dice que no a nuestras demandas. ¿Cómo vivir con esto?

Existe una creencia que nos dice que nuestra felicidad sólo es posible en la medida en que nuestras demandas son atendidas en los términos en las que las hemos ideado. Y he elegido este verbo de forma intencionada: ideado, porque no siempre compartimos con el otro nuestras demandas y esperamos a que sea capaz de intuirlas y atenderlas.

Esta dinámica nos aboca a relaciones que son fuente de tensión y de una profunda insatisfacción, relaciones que no son nutritivas, sino que nos restan, merman nuestro equilibrio interior y nuestro bienestar.

La Comunicación NoViolenta nos ofrece una nueva manera de afrontar las relaciones. Nos plantea varias claves, sencilla pero muy efectivas, para ponernos en juego cuando estamos en relación.

La primera de esas relaciones es con nosotros mismos. La Comunicación NoViolenta nos invita a mirar hacia dentro y conectar con nuestro mundo interior en el que viven necesidades que se activan con lo que nos ocurre. En ese camino, las emociones son grandes aliadas que nos ofrecen una información clara, poderosa, precisa sobre aquellas necesidades que están activas en cada momento en nosotros. Conectar con nuestras necesidades, ofrecerles la mirada que requieren, validarlas en su realidad es una de las claves que la Comunicación NoViolenta nos da para reencontrar el equilibrio interior. Por cuanto que una de las principales causas de nuestras tensiones es la falta de conexión con nuestras necesidades, a las que a menudo no damos la mirada y el reconocimiento que necesitan.

Una segunda clave, fundamental, es reconocer la diferencia entre necesidades y estrategias. La dificultad, el desencuentro con el otro existe siempre en el nivel de las estrategias. Por poner un ejemplo de estos días: para muchos de nosotros una necesidad muy activa es la de espacio, la de intimidad y la de desconexión. Estos días en los que el trabajo, la familia, el ocio y la desconexión tienen lugar en el mismo espacio, el hogar, resulta complicado atender con las estrategias habituales esa necesidad de espacio e intimidad. Y sin embargo, podemos encontrar maneras de atender plenamente dicha necesidad, si bien con estrategias menos satisfactorias, con estrategias que me hacen disfrutar menos. Por ejemplo, tomándonos 20 minutos para leer tranquilamente nuestro libro en la terraza, mientras nuestra pareja se ocupa durante ese tiempo de los niños. Son sólo 20 minutos, quizás una estrategia de duración muy corta, porque nos gustaría poder leer durante 2 horas. Pero si nos enfocamos a las necesidades, estamos atendiendo la necesidad de espacio e intimidad y la de desconexión. Y eso nos confiere, por un lado, la satisfacción de la necesidad vista, tenida en cuenta y atendida. Y de otro, la oportunidad también de hacer el duelo por la estrategia que no es posible con las circunstancias actuales de nuestra vida. Plenitud y duelo, ambos perfectamente compatibles.

Como vemos, la Comunicación NoViolenta nos plantea un escenario nuevo y liberador: enfocarnos a las necesidades y no tanto a las estrategias nos hará libres de los apegos en los que vivimos habitualmente. Y dicha libertad me permitirá ir a la relación con el otro desde un lugar más ligero, más liviano, más abierto a escuchar lo que el otro quiera plantear.

La Comunicación NoViolenta nos ayuda también a estar en relación con el otro, a quien escucharemos en clave de emociones y necesidades, y con quien podremos conversar desde la confianza que nos da sabernos capaces de escuchar un NO ante una petición nuestra y seguir explorando posibilidades en las que demos con soluciones, con estrategias, que atiendan las necesidades de ambos.

Podemos afrontar nuestras necesidades, éstas que están tan activas estos días, como son la necesidad de seguridad y salud, de espacio, de intimidad, de conexión de calidad, de escucha y de expresión, la necesidad de empatía y de cuidado, desde la confianza de que sabremos vivir con calma la frustración por las estrategias que no son posibles para nosotros estos días, y sabremos encontrar las estrategias a través de las que sí podremos atender todas estas necesidades, capitales para nosotros y nuestro bienestar. La Comunicación NoViolenta brinda ese espacio de conexión honesta con uno mismo y con el otro, que nos lleva, no sin aprender a vivir la frustración de la renuncia, a vivir relaciones plenas, tanto con uno mismo, como con los demás. Propone un viaje honesto y valiente que merece la pena transitar.

 

Beatriz Martín

Coach y experta en Comunicación NoViolenta

“Es esta cosa intangible, el amor en sus múltiples formas, lo que se introduce en toda relación terapéutica. Es un elemento que el médico puede llevar consigo, que sana, que consuela y restablece, que opera lo que hemos de llamar, por ahora, milagros” Karl Menninger

 

Los psicólogos han demostrado que  es posible medir los efectos del amor sobre el cuerpo . A un niño que no se le ama, presentará retrasos en su desarrollo madurativo, e incluso puede morirse.

Los efectos del amor aumenta la función del sistema inmunitario, permite afrontar el dolor y superarlo. La soledad, sin embargo, nos debilita, anula la esperanza y la ilusión por la vida.

 El amor protege y cura .

Nuestro sistema de recuperación está vinculado con la capacidad que tiene el cuerpo de sanar ante una enfermedad, pero también con la  creencia que tenemos en poder curarnos . En ello, las creencias y el afecto están vinculadas.

El efecto placebo es una muestra de lo primero. El placebo es una sustancia que no cura pero produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz; tiene el mismo aspecto, gusto y forma que un medicamento verdadero pero está hecho de productos sin ningún principio activo.

La  medicina utiliza el poder de las creencias a través del placebo . Recetan creencias esperando que sean las propias expectativas de los pacientes lo que movilice su sistema inmunológico.

Por otra parte, está la esperanza en la curación. Para ello, la comunicación con una persona enferma, el afecto que le transmitamos, esperanza, complicidad, humor, cariño…es imprescindible.

Un médico sabe que puede dar una noticia terrible a una persona y a la vez transmitirle esperanza o anularla completamente. Los mensajes formulados con palabras son traducidos por el hemisferio derecho en un lenguaje no verbal, para que podamos entender el conjunto completo.

Por tanto,  no es solo lo que se dice sino cómo se dice . Las palabras son tan capaces de sanar como de matar, y todos los médicos deberían tener conciencia de ello, así como el conjunto de la sociedad que está más dispuesta a validar los datos técnicos y empíricos que a dar paso a lo no tangible, lo no verbal e inconsciente, y afectivo como elementos imprescindibles para la curación de una persona.

En 2020, en plena pandemia de salud mundial, esto carece de reconocimiento.

Las personas enfermas, ya sea de coronavirus o de otra enfermedad, están solas en los hospitales. Miles de estudios, más de 50 años de investigación sobre el efecto del apego en la salud mental, no tienen cabida cuando hablamos de salud física y el riesgo de muerte de una persona.

Es comprensible, en un primer momento.

El sistema de defensa, el que se activa en nuestro cerebro reptil para protegernos de cualquier riesgo, es el que nos mueve a garantizar la seguridad física. El miedo, la parálisis, son respuestas naturales. Las reacciones ante ellas son proteger nuestra salud física, familia, dinero y pertenencias. Lo afectivo no es en los primeros momentos una prioridad.

La respuesta de la sociedad ante el peligro, es el mismo que se produce en el interior de nuestro cerebro. Estamos protegiéndonos. El sistema de alarma ha garantizado minimizar los riesgos.

Sin embargo, esto es solamente la primera respuesta.  Nuestro cerebro es social, necesita a los otros para sobrevivir.  Un tratamiento médico sin un acompañamiento emocional ante la enfermedad, limita nuestras esperanzas y perjudica gravemente la recuperación de las personas.

Por otra parte, se ven afectadas familias completas ante la enfermedad de un ser querido y la imposibilidad de dos derechos emocionales fundamentales:  acompañar en la enfermedad , y en el peor de los casos hacer una buena despedida para iniciar el duelo.

El poder sanar a las personas implica tratar a éstas en su conjunto. Las personas tenemos necesidades físicas, que garantiza el sistema médico, pero también emocionales, intelectuales y espirituales.

¿Cómo estamos dando respuestas a ellas como sociedad?

Mientras las personas enfermas estén aisladas en un hospital o encerradas en casa sin asistencia de sus familiares, no estamos ayudándolas.

Las personas no somos islas a las que podamos atender por partes. No podemos ayudar a la recuperación si no damos soporte a lo emocional.

Necesitamos humanizar nuestro sistema de salud para formar parte de él. Los médicos y enfermeras están más solos que nunca, los enfermos y sus familias también.

¿De qué manera podemos ayudar?

Noelia Estévez,

Psicóloga

Si no puedes alimentar a 100 personas, alimenta sólo a una.

-Madre Teresa de Calcuta-

A amar se aprende, al igual que se aprende cómo cuidar la alimentación cuando uno es adulto. Tanto una cosa como otra son en un primer momento de vida impulsos que nos permiten la supervivencia, pero en la medida que ambas están en  relación con nuestro primer cuidador ; va a ser la calidad de la relación con éste la que va a determinar cómo nos relacionamos con la comida y cómo (nos) amamos.

 Las dificultades con la comida hablan de nuestro mundo emocional ; de conflictos internos y las dificultades para regular nuestras emociones y expresarlas.

El amor que quiere consumir al otro, el hambre voraz…¡Cuánta relación entre uno y otro! Y es que  la vida entra por la boca . La boca busca el pezón, la mirada del bebé busca la de la madre para encontrar complicidad.  Comida y amor se mezclan formando uno .

 La compenetración entre el bebé y su madre depende de cómo ésta responde a las necesidades de su hij. La primera necesidad es alimenticia, pero el amor es vida para el ser humano, y otras especies como los primates. Sin amor, morimos. Morimos de pena cuando fallece la pareja de toda una vida, enfermamos mentalmente, no tenemos motivación.

En la literatura de psicología general, hasta los años ’60, existía la teoría de que el hecho de que el niño acabe por apegarse a su cuidador principal se debía a que éste le alimentaba.

El amor tiene su origen en el apego que crea la necesidad satisfecha de alimentos (Freud, 1940)

Los experimentos de Harlow en 1958 descartan esta teoría. En una serie de experimentos separa a monitos rhesus de la madre al nacer y se le mostraban dos tipos de madres: una hecha de alambre y otra hecha de manera parecida pero con una tela suave.

Se les dejaba elegir entre el modelo de tela o el modelo de alambre, ambos modelos de mamá tenían un biberón. El promedio de horas al día al lado del modelo de tela era de 15 horas. Ningún mono dedicaba más de una hora y media al día a estar con el modelo de alambre. Se hicieron muchos experimentos diferentes y en todos el monito prefería el modelo de tela.

Los datos que se obtuvieron es que el contacto con la “madre” de tela era muy importante, las necesidades afectivas tienen que ver con la supervivencia.

En el niño, a medida que crece, sus necesidades fisiológicas en relación con la madre son mucho menores que las afectivas.

¿Qué ocurre entonces cuando la madre se centra en las necesidades fisiológicas y no las afectivas?  ¿Qué ocurre cuando una madre piensa que lo único que alimenta es la comida?  

 Cada mujer llega a la maternidad con la experiencia de haber sido hija . Ha tenido un determinado lugar al lado de su madre y padre, educada de una manera, alimentada emocionalmente tal como sus padres han sabido… Y llega el momento en el que  sin darse cuenta transmite todo un mundo imaginario a su bebé recién nacido .

Lo más seguro es que reproduzca conflictos que ya trae y que sufrió.

El primero tiene que ver con la relación con la comida. En el registro de inicio de nuestra vida está el vínculo de la madre y cómo fuimos alimentados. La satisfacción en la relación entre la madre y el bebé; o la ambivalencia entre querer ser una buena madre y la ansiedad que le produce serlo; y tal vez el rechazo a e ese momento tan íntimo de conexión con el bebé cuando se le amamanta o da el biberón genere tensión.

El manejo entre estos conflictos, la resolución en la demanda del niño y la historia, seguir las necesidades del niño y la comprensión del principio básico ( el afecto alimenta ) es fundamental para resolver el primer período de vida.

Pero hay otros aspectos que son cruciales para el éxito de esta etapa:

  •  El acompañamiento del padre, pareja o familia sosteniendo a la madre , y dejando que sea ésta la que se ocupe del bebé. Hay muchas intrusiones verbales y físicos en el período de adaptación de la madre con su bebé. Es ella y solo ella la que necesita hacerse con su hijo/a, al ritmo que necesite; pero para eso necesita que alguien pueda cocinar, atender las tareas, hacerla sentir absolutamente libre de otras cosas que no sea la atención del vínculo.
  •  Los mensajes que se emiten en relación a la lactancia pueden castigar enormemente a las madres . Como he comentado anteriormente, el alimento no es lo único que nutre la vida del bebé. El bienestar de la madre es imprescindible para establecer una alimentación adecuada. Si una madre se siente mejor dando el biberón a su hijo/a, debemos acompañar para que lo viva con satisfacción. Los mensajes pro lactancia han favorecido tener una mayor conciencia de su importancia,  pero no es el pecho el que alimenta al bebé: es la madre . Su salud física y emocional es lo que favorece el apego.

 Lo que la madre transmite cuando alimenta a su hijo marcará la relación de este con la comida . Esta transmisión es inconsciente y tiene toda la historia que la madre ha vivido. Aumentar la conciencia sobre esto es importante para dejar de actuar de manera automática en relación con la comida.

Vivir la alimentación con gozo, implica buscar en los nutrientes el amor que nos damos cuando somos adultos. Los elementos que componen nuestra comida son parte de la química del amor que vivimos.

Noelia Estévez,

Psicóloga

“Más allá de este lugar de cólera y lágrimas donde yace el Horror de la Sombra, la amenaza de los años me encuentra, y me encontrará, sin miedo… No importa cuán estrecho sea el portal, cuan cargada de castigos la sentencia, soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma”. W. E. Henley: Invictus

Invictus es una palabra en latín que significa invencible, y que da título a un breve poema escrito por el poeta inglés William Ernest Henley en 1875. Poner de manifiesto por aquel entonces lo que tan necesario es hoy, nos recuerda una vez más que el ser humano ya conoce quién es y a dónde puede llegar. Sólo ha de reconocerlo en sí mismo, recordar que los recursos los tiene dentro y tomar la decisión de capitanear su vida siendo artífice de su propio destino.

Recordarse pasa por preguntarse y, sobre todo, por estar dispuesto a escucharse y descubrir lo que se contiene dentro. Nuestra querida Joaquina Fernández, en su libro “Piensa en ti” (p. 34) nos hace una inspiradora afirmación: “Conocerse es una mirada interna penetrante y propositiva que procurará el conocimiento interior necesario para cumplir las metas propias. El recorrido hacia el cambio al que la persona aspira, sólo se puede hacer desde la gestión de aquello que conoce de sí mismo y de una autodeterminación clara”.

Se trata de conversar con arte, de escucharse y de preguntarse a través de un amigo o de un hermano, o a través de una persona que acabas de conocer; porque en realidad formamos parte el uno del otro si tuvimos la oportunidad de encontramos. Lo importante en este caso es que juntos, como compañeros de camino, podemos hacer madurar ese fruto que lucha por despertar y salir al mundo.

Sócrates ya convirtió la conversación en un diálogo a través de preguntas con el propósito de descubrir la verdad. Es por eso que en esta andadura, el coaching es una poderosa herramienta de trabajo. Hoy continúa vigente con extraordinarios resultados, y es considerado como un proceso creativo y reflexivo entre iguales que genera absoluto respeto, abre consciencia, y aporta una visión lúcida del proceso para llegar al logro esperado. Te permite despojarte de capas, liberarte de cargas, potenciar el tesoro que hay dentro y desarrollar competencias, para llevarte, sin lugar a dudas, a un mejor lugar en relación a tu sueño.

“Invictus” también da título a la última película de Clint Eastwood, que no solo va de ganar un partido de rugby y mostrarse campeón, sino que el verdadero centro de la película es la enorme capacidad de liderazgo que, Nelson Mandela, muestra en todo lo que dice y lleva a cabo. Tener como motor unos sólidos valores, que le sustentan y en los que cree con fuerza, le llevan mucho más allá. Mandela tiene una visión, y una misión que trasciende a su propia persona.

El coaching te permite pensar y actuar, poniendo intención en la acción, y proporciona una congruencia comunicativa que genera confiabilidad y credibilidad en la persona para con su vida tanto personal como profesional. Aprovechemos la oportunidad, en estos momentos más que nunca, de hacer frente al miedo, haciendo crecer la confianza en nosotros y siendo el verdadero “amo de mi destino y capitán de mi alma”.

Rebeca Rueda

Coach y experta en comunicación

 

Los que nos han amado nos modelan una y otra vez; y, aunque el amor puede morir, para bien o para mal somos, a pesar de todo, la obra de ellos

François Mauriac

 

 La relación que tenemos con nosotros mismos y con los demás, está relacionado con el amor que recibimos en la infancia de nuestros progenitores. John Bowlby, psicólogo británico, estudió de qué manera le afectaban a los niños -huérfanos y/o hospitalizados- después de la Segunda Guerra Mundial el cuidado afectivo que recibían.

Él y su colega John Robertson grabaron la visita que recibió una niña de dos años de sus padres al hospital en el que estaba ingresada. Cuando ellos estaban junto a ella, se mostraba alegre y jugaba; cuando ellos se iban pasaba a estar triste y decaída.

Sus conclusiones cambiaron las normas para las visitas en los hospitales y han influido, de manera lenta pero progresiva e imparable, sobre cómo  los profesionales debemos atender el vínculo entre los padres y sus hijos . Hoy, por ejemplo, es una práctica en casi todos los hospitales públicos de nuestro país hacer “piel con piel” con el recién nacido inmediatamente tras el parto. La visión de Bowlby, rechazada en su época, ha sido determinante para la psicología, la manera de entender el afecto como parte de la supervivencia del ser humano.

El  tipo de vínculo de apego establecido de niño impacta en la vida adulta  y está relacionado con la capacidad de autorregulación emocional, autoestima, relaciones sociales y de pareja, seguridad y toma de decisiones…

El buen amor recibido determina la manera en la que nos relacionamos de adultos, la pareja que elegimos y la forma en la que educaremos a nuestros hijos. Por otra parte, es la guía interna para afrontar las situaciones dolorosas y de pérdida que inevitablemente viviremos a lo largo de nuestro ciclo vital.

Qué es el apego infantil

 El apego es la vinculación emocional que se establece entre el bebé con su cuidador principal , normalmente la madre.

El apego se relaciona directamente con la supervivencia y es un cimiento básico para el desarrollo de la identidad y la seguridad emocional que nos permite explorar el entorno y generar representaciones de mi yo en el mundo.

En la relación que se establece  debe haber un entendimiento sobre las necesidades del niño y cómo responden a estas los padres . Los movimientos que se establecen en este vínculo, como si fuera una danza, entretejen la relación de tal forma que dura en el niño -y posterior adulto- toda la vida.

El niño emitirá una serie de señales que necesita que el adulto interprete adecuadamente. Tal vez llora, balbucea, patalea, gime o ríe en búsqueda de una respuesta que sea afín a su necesidad.

Cuando el adulto entiende lo que el niño necesita y responde de manera acorde, éste se calma, se siente satisfecho y puede continuar experimentando otras sensaciones nuevas. Sin embargo,  cuando el adulto desatiende las señales del niño, las ignora o malinterpreta provoca en el niño tal insatisfacción que su sistema emocional se altera y buscará nuevas formas de ser atendido  ya sea haciendo más intensa sus señales o apagándolas si no tiene expectativas de obtener una respuesta.

Esto es tan importante como la capacidad de separarse y explorar el mundo a solas. Cuando el niño aprende a regular la proximidad de la distancia de sus progenitores, y éstos desarrollan su autonomía, es cuando podemos hablar de que la conducta de apego se ha establecido.

La química del amor

 El apego tiene una función biológica-evolutiva para garantizar la supervivencia de la especie  que sin los mecanismos neurobiológicos que se producen durante la gestación y parto del bebé sería imposible su establecimiento.

Este proceso es muy parecido al que vivimos cuando nos enamoramos, en el que se producen ajustes hormonales, neuroquímicos y de neurotransmisión que ayudan a establecer la conducta de apego. La oxitocina y prolactina, por ejemplo, están vinculados a la lactancia, la calma y el bienestar del bebé.

También intervendrán los opiáceos endógenos que regularán a la madre midiendo las separaciones con el bebé, la atención ante el llanto, y en definitiva el apego.  La madre sentirá una especie de “adicción” que la mantendrá enfocada en el cuidado y el afecto hacia su hijo , sobre otras áreas de su vida . Cualquier desajuste que se de en este sistema inteligente podría suponer en el niño altos niveles de cortisol en sangre (sustancia relacionada con la respuesta al estrés).

Una vez que la biología ha cumplido su función, la manera en la que se relacionan los padres con sus hijos hará el resto y determinará el tipo de apego que desarrollarán.

El apego es la fuente de la autoestima y regulación emocional

La autoestima procede de sentirse seguro y reconocido tal como uno es. Un estudio longitudinal con 500 niños de primaria de la Universidad de Amsterdam en 2015, afirma que aquellos niños que decían que sus padres les decían que les querían mantuvieron su autoestima alta seis meses después del estudio; frente a aquellos que escuchaban de sus padres que eran especiales.

 La autoestima procede de sentirse aceptado, no sobrevalorado . La fuente es el apego seguro que es la base de la confianza para desarrollar la propia autovaloración.

Cuando el apego es seguro el niño:

  • Es más feliz con sus padres
  • Siente menos rabia hacia sus padres
  • Se lleva mejor con sus amigos
  • Tiene amistades más fuertes y estables
  • Tienen una autoestima más alta
  • Tienen mejores relaciones con sus hermanos
  • Confía en que les sucederán cosas buenas
  • Son amables con las personas de su entorno

El significado psicológico y trascendental del apego

 El apego nos muestra el deseo de amar y ser amados como eje de la vida ; nos habla de que somos seres que necesitamos a otros para sobrevivir y para desarrollar nuestra identidad única.

El amor, en el que nos vinculamos y permitimos al otro su espacio de desarrollo y experimentación, trasciende los primeros años de vida para ser un pilar en todo el ciclo vital.  A través de la relación con nuestros primeros cuidadores, buscamos la experiencia íntima de lo que somos en otras relaciones posteriores  con los primeros amigos íntimos, parejas, y posteriormente hijos pero también nietos.

El apego es la fuente primaria de nuestros instinto de relación pero también de trascendencia en el que la herencia, la psicología, del objetivo de la vida y el significado del mundo se unen.

 

Noelia Estévez

Psicóloga , terapeuta familiar

 

 

La Certificación Online en Coaching Profesional ACTP de Instituto Hune es una formación completa y dinámica acompañada de un coach y mentor de ICF.

Este programa está aprobado por la International Coaching Federation (ICF), una vez superado habrás adquirido todas las herramientas necesarias y conocimientos para obtener o renovar la certificación ACC, PCC o MCC de ICF.

Instituto Hune ha creado la Certificación Online en Coaching Profesional ACTP para capacitar a los coaches en los procesos de coaching en los que estén trabajando, generando una comunidad de aprendizaje de nuevas herramientas, y adelantándose a posibles dificultades u obstáculos que pueda encontrar en sus procesos de coaching.

El alumno tiene el plazo máximo de tres meses para completar el programa de Certificación online en Coaching Profesional ACTP. Durante este periodo, estará acompañado de un coach y mentor profesional de ICF.

Las sesiones de mentoring promueven la reflexión sobre la praxis del coach, creando un laboratorio de aprendizaje. A lo largo de los tres meses, como máximo de duración del programa, se realizan 4 sesiones observadas online de 2 horas de duración.

 

Solicita el programa académico

 

A quién va dirigido

El Programa de Certificación Online en Coaching Profesional ACTP de Instituto Hune está dirigido a todos aquellos coaches que hayan recibido una formación ACTP o ACTSH y deseen actualizarse en las competencias del coach y renovar su certificación, así como optar a una certificación superior.

 

Objetivos del curso

  • Reflexión sobre las competencias de Coaching y su desarrollo para una práctica efectiva.
  • Reflexionar en el desarrollo de la consciencia del coach dentro de la relación de coaching.
  • Reflexionar sobre los estilos de coaching predominantes en el coach y su aplicación práctica en el contexto profesional.
  • Facilitar la construcción de la relación efectiva con el cliente.

 

Programa

La Certificación Online en Coaching Profesional ACTP de Instituto Hune se compone de 10 horas de mentoring, que incluyen 4 sesiones observadas online, más 1 sesión presencial de duración de 2 horas. Todas ellas evaluadas por un Mentor Coach PCC de ICF.

Durante el programa, el alumno recibirá 4 feedbacks escritos de las 4 sesiones de coaching por parte de la Coach Mentora. El plan de estudio se irá adaptando al alumno para asegurar la máxima integración y aprovechamiento de las materias.

El esquema del proceso de coaching es el siguiente:

  1. Auto-evaluación y reflexión sobre la práctica para obtener habilidades que tengan un impacto duradero en la comprensión de la profesión.
  2. Comprensión ética en diferentes contextos/dilemas éticos.
  3. Desarrollar la capacidad de evaluar y recibir feedback sobre el trabajo de coaching.
  4. Emplear las sesiones de mentoring como oportunidad para dar satisfacción a las necesidades de aprendizaje del coach mentorizado.

 

El rol del coach supervisor/mentor es descubrir, aclarar y definir lo que el coach mentorizado quiere aclarar, fomentar el auto-descubrimiento, incrementar el entrenamiento de las competencias y la gestión del aprendizaje que lleve al coach a la acción apropiada en la relación de coaching, mejorando la efectividad, la consciencia sobre dilemas éticos y la consciencia de uno mismo (puntos fuertes/áreas de mejora).

 

La confianza y confidencialidad del coach mentor están garantizadas, como se establece en el Código Etico y Deontológico de ICF.

 

Duración

La Certificación Online en Coaching Profesional ACTP de Instituto Hune tiene una duración máxima de tres meses, durante los cuales, el alumno debe completar la formación.

 

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Fechas, horario y lugar

Este programa de Instituto Hune tiene varias convocatorias. Ponte en contacto con nosotros para informarte.

 

Política de Cancelaciones:

La Organización se reserva el derecho de suprimir y/o modificar fechas y lugares en caso de no contar con un mínimo de participantes. En estos casos se notificará a los participantes con anticipación, devolviéndoles, asimismo, íntegramente el dinero de la inscripción abonada.

En caso de cancelación de la inscripción esta será devuelta en su totalidad si se realiza 30 días antes del inicio del curso con una penalización de 10 euros por gastos de gestión y administrativos. Si la renuncia se realiza entre los últimos 30 y 5 días antes del curso se reembolsará la inscripción con una penalización de 100 euros. No se realizará ningún reembolso si la cancelación se realiza en los últimos 5 días. En caso de suspensión del curso o modificación de fechas, se otorgará un reembolso completo o una nueva inscripción en otro curso de idénticas características.

A nosotros, que estamos tan profunda y espiritualmente unidos,

el cosmos nunca nos separa durante mucho tiempo.

Los niños de los cuidadores de elefantes” (2010), Peter Hoeg

 

Buscamos fuera aquello que no queremos ver dentro, pero un día nos quedamos a oscuras .

Nos metimos en casa, cerramos la puerta, nuestra mente no entendió lo que estaba sucediendo detrás de esas paredes y todo se oscureció.

Nos acostamos y nos levantamos repetidas veces con la sensación de estar en una pesadilla. La mirada hacia dentro perdida,  la mirada hacia fuera buscando continuamente respuestas .

 La incertidumbre a cada uno nos hizo buscar rápidas respuestas . A través del hacer, del sentir o del análisis continuo. Mientras, unos enfermaban, otros morían, otros estaban aterrados, otros solos. Muy solos.

Decidimos agarrarnos a la esperanza a las 20:00h. Para mirarnos, para sentirnos, para estar unidos. No estar solos, no estar aislados, no estar en la oscuridad.

 La búsqueda de conexión desde el día D ha sido continua . Nos buscamos a tientas a través de los mensajes, video llamadas, correos…

Sin embargo, dentro del espacio,  el vacío se empieza a agrandar .

No hay casa, no hay lugar dentro de uno, que resista la necesidad de tocar, de mirar a los ojos del otro y percibir el brillo, sentir el contagio de la alegría, acompañar con el cuerpo la pena.

 Los brazos se hacen más largos a la espera del calor del otro .

Ahora más que nunca queremos tocar, sentirnos abrazados, consolados.

Nos va a costar como sociedad perdonar estar en esta oscuridad solos. No tener al lado, en la cama de un hospital, alguien que nos consuele, que nos diga que no pasa nada, que volverás pronto a casa.

La ausencia de la despedida, del acompañamiento, del consuelo.

Ahora ya sabemos que la conexión digital es un remedio, el recurso que nos permite sobrellevar todo esto y seguramente la manera en la que empezaremos a entender cómo debemos funcionar como sociedad en el trabajo, en la educación y en la gestión de todas nuestras cosas. También  sabemos que el contacto con el otro lo es todo , que el acompañamiento físico en el dolor es imprescindible para hacer una buena despedida; que estar con el otro es parte de nuestra naturaleza humana.

Nuestro cerebro es social. Si no estamos conectados, nos quedamos a oscuras .

Noelia Estévez,

Psicóloga

 

“Quien mira fuera, sueña. Quien mira dentro, despierta”, Carl Gustav Jung

 

La autoestima viene a decirnos cuál es la relación que tenemos con nosotros mismos. Si bien las personas podemos mostrar a través de signos externos el estado de salud de esta relación, por ejemplo lo que mostramos en nuestra comunicación cuando hablamos de nosotros, lo cierto es que la autoestima es una relación íntima y privada que se produce en nuestro mundo interior y que sólo nosotros conocemos.

Esta convivencia íntima se fundamenta en la capacidad que tenemos para conectar o no con lo que somos realmente y ponerlo en valor. Nada raro por otro lado ya que al igual que cualquier otra relación, necesita tanto de la conexión emocional para que sea posible, como de la valoración personal para que sea constructiva y rica.

La relación con nosotros nos exige una mirada interior y un trabajo personal del que muchas veces no somos conscientes. Vivimos volcados en un mundo de exigencias externas que nos van distanciando primero y desconectando después de lo que somos, de lo que queremos, de lo que tiene sentido para nosotros.

Y, sin embargo, nadie puede substraerse a esta relación. El divorcio en este caso es imposible. La relación se mantiene a lo largo de toda nuestra vida y de nosotros depende que esta experiencia sea apreciativa, lo que nos permitirá el desarrollo en todos los ámbitos de la vida. O esté nutrida de desprecio y vivamos en los peores escenarios posibles, la insatisfacción y la pérdida de sentido.

Reconectar con uno mismo es la vía para empezar a restituir una autoestima olvidada o dañada por otra fuerte y de presente continuo que nos acompañe y nos permita progresar y desarrollarnos.

¿Cómo podemos reconectar y activar nuestra autoestima?

En primer lugar, necesitamos realizar un trabajo de conectar con nuestras capacidades, ¿podemos apreciarnos si no reconocemos, en primer lugar, qué capacidades nos acompañan? Saber de lo que somos capaces y vivir esta experiencia cada día es un elemento esencial para vivir conectados con nosotros mismos. Este primer reclamo de una autoestima fuerte nos sitúa en un presente continuo donde ni el pasado ni el futuro intervienen o condicionan el ejercicio de lo que somos.

Una vez que tengamos activas nuestras cualidades y empecemos a vivir los resultados de las mismas, será preciso mantenernos en ellas. De lo contrario viviremos en un estado alterno donde un día tenemos autoestima y a continuación la perdemos provocando una gran inestabilidad emocional. La autoestima requiere mantener unas constantes mínimas para no vacilar en cada paso que damos y, para ello, es preciso conocer nuestros límites. Necesitamos conocer no sólo nuestras fortalezas sino también qué debilidades nos acompañan, qué es aquello que nos hace perdernos y/o desconectarnos de lo que somos. Sólo de esta manera seremos capaces de acudir y restablecer los parámetros internos necesarios que nos permitan reequilibrarnos ante cualquier situación interna o externa que se presente.

Por otro lado, una autoestima irreductible necesita tolerancia frente a la incertidumbre o el error. Por alguna razón, cuando hablamos de aprendizaje lo que hacemos inmediatamente es una asociación con lo que sabemos o con lo que no sabemos. Básicamente, si estamos en posesión del conocimiento o no. Sin embargo, la autoestima necesita de una disposición interior que le lleve a vivir con tolerancia las incertidumbres y los errores personales. Aprender es estar abierto a lo desconocido, admitir los límites de uno sí, pero también atreverse a explorar entornos diferentes, nuevos mundos que nos permitan avanzar. Nuestra autoestima nos pide que conectemos con lo que necesitamos aprender en las distintas áreas de nuestra vida superando el miedo al fracaso o al error. De lo contrario, sentiremos que vivimos atrapados, atascados en situaciones de las que no sabemos salir.

Por último, nuestra autoestima necesitará de nosotros una vivencia de coherencia interior entre lo que somos y lo que vivimos (la relación directa con nuestros resultados), una coherencia entre nuestras capacidades y nuestros propósitos, es decir, lo que soy: ¿al servicio de qué lo pongo? y una coherencia entre nuestras motivaciones y nuestras decisiones: ¿cuál es mi entrega?

En definitiva, esta relación íntima y silente con nosotros mismos nos exhorta a vivir de acuerdo con lo que somos y lo que podemos alcanzar hoy, con nuestra capacidad para manejar nuestro mundo interior desde la valoración de lo que somos, a salir de nuestra necesidad de tener razón para vivir las experiencias de aprendizaje que necesitamos y a vivir una vida con sentido.

 

Sandra Huertas

Experta en inteligencia emocional y coach

¿La autoestima? ¡Bien, gracias!

La AUTOESTIMA es un concepto bien conocido para la mayoría de nosotros. Sabemos que tiene que ver con el amor a uno mismo, que nos hace sentir muy bien, que se refiere al cómo nos vemos y que en esa mirada que tenemos hacia nosotros mismos, nos gusta lo que vemos.

Sin embargo, también parece que se nos escapa. La autoestima no acabamos de alcanzarla en el grado que nos gustaría para sentirnos felices con nosotros, con lo que hacemos y con lo que vivimos.

La AUTOESTIMA responde a preguntas como:

¿Te gusta lo que ves cuando te miras a ti mismo?

¿Estás satisfecho con lo que eres hoy?

¿Vives feliz con lo que haces en tu día a día?

¿Cómo es tu relación contigo?

¿Te cuidas?, ¿te permites equivocarte?, ¿cómo te tratas?

OBJETIVOS:

  • Establecer los pilares sobre los que asentar una autoestima sólida aplicada a la vida, a lo cotidiano, a nuestra relación con nosotros y con los demás
  • Describir qué es lo que necesita tu autoestima para aflorar y permanecer en ti
  • Conocer qué elementos nutren tu autoestima y qué cambios necesita que emprendas

PROFESOR:

  • Sandra Huertas, experta en Inteligencia Emocional y coach

FECHAS:

Pregúntanos por la próxima convocatoria: [email protected]

HORARIO:

  • De 18:00h a 20:00h conexiones en directo. También estará disponible la grabación de la clase.

PRECIO:

  • 130€*

*Tenemos descuentos para alumnos y antiguos alumnos de máster.

 

Escríbenos cualquier duda:

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A lo largo de vuestra vida profesional, ¿cómo habéis lidiado con conflictos de intereses?

La International Coaching Federation (ICF), la mayor organización de coaches profesionales del mundo, cumple 25 años y, durante los últimos tres, ha trabajado en la nueva versión del Código Ético y Deontológico, entrado en vigor el pasado 1 de enero de 2020. En él, se describen los valores fundamentales de ICF y los principios y estándares éticos de comportamiento de todos los profesionales de ICF.

Los dilemas éticos pueden ocurrir en cualquier ámbito laboral. Este Código Ético es un marco de referencia que nos puede servir para nuestra experiencia profesional. Si habéis vivido un conflicto de intereses en relación a tus valores y los de la organización, ¿qué hicisteis para resolverlo? ¿En qué medida los valores personales de cada uno pueden estar alineados o desalineados con los de la propia organización?

El Código Ético de ICF, la primera de las 11 competencias de la profesión de coaching, ha sido elaborado por un comité de voluntarios de más de 16 países y se acuerda revisarlo cada tres años para incorporar mejoras. Se espera que los coaches sean embajadores de la profesión a lo largo del ejercicio de la misma y sin distinción de roles profesionales. Ya sean coaches, trainers, supervisores, mentores, coaches internos, etc.

El desafío de ICF es integrar la ética en esta profesión de coaching y preservar una serie de conductas que nos den ese marco de referencia en el que todos estemos de acuerdo. Por lo tanto, el objetivo no es solamente comprender el Código Ético y los estándares que nos proponen, sino también incorporarlos en nuestro día a día de trabajo.

En vuestra profesión, ¿qué dilemas éticos pueden surgir? Tener autoconsciencia de cuáles son nuestros dilemas éticos y autocontrol, para saber lidiar con ellos, es una premisa fundamental en cualquier organización. Debemos reflexionar y saber cómo superarlos, y siempre con el completo compromiso hacia la profesión.

La importancia del correcto progreso del experto en coaching, nos lleva a hacer especial hincapié en el desarrollo de las competencias del coach y el autoconocimiento a lo largo de las formaciones en el Máster en Coaching Profesional acreditado como ACTP.

Uno de los apartados que más se está intensificando desde ICF, es el de las definiciones clave. Palabras como cliente, conflicto de intereses o igualdad son algunos de los términos que se recogen en este marco de referencia. Así como también, la responsabilidad con clientes y en el desarrollo del oficio del coach.

Os animo a reflexionar sobre la importancia de un marco de referencia en tu ámbito profesional. Si quieres más información sobre el nuevo Código Ético de ICF, puedes leerlo pinchando aquí.

 

Equipo de Instituto Hune

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